Horario: 18:00 a 22:00
Ubicación: Polígono El Portal (Caspe)
Participantes: Multitud
Por fin, allí estaba, un círculo oscuro rodeado de un halo dorado y un punto rojo, brillante como un rubí, en uno de sus lados. He de reconocer que si hubiera sido un Neandertal barbudo y despeinado, con un collar de huesos de mamut (bueno, lo de barbudo y despeinado ya lo soy), me hubiera ocultado en lo más profundo de mi cueva, temiendo los nefastos presagios de tan impresionante visión.

Pero no nos adelantemos a los hechos y empecemos desde el principio:
Después de una agobiante cuenta atrás, llega el día tan esperado. Preparar el equipo, revisándolo una y otra vez para no olvidarnos nada. Agua fresca en la nevera portátil, algo de picoteo para matar los nervios, el telescopio y, sobre todo, el filtro solar y la gafas para el eclipse.
Llegamos al punto de observación con tiempo suficiente para instalar el material y asegurarnos de que todo está correcto. David (el presi) ya está al pie del cañón y hay que reconocerle el mérito de haber preparado un lugar idóneo para los miembros de Gamma Astronomía.

Poco a poco, el lugar se va llenando de gente que va apareciendo en grupos y en oleadas. Saludos, besos y conversaciones a diestro y siniestro.




Hasta que una voz se eleva entre la multitud diciendo: “Ya empieza, ya empieza”.


Y así empieza el gran espectáculo: todos con las gafas de protección puestas, los telescopios y prismáticos en acción (unos 10 equipos o tal vez más, aunque… quién se pone en esos momentos a contarlos), observando y fotografiando el avance de la Luna sobre el Sol.



Posturas imposibles y pacientes colas se suceden para observar el eclipse desde los telescopios instalados.



Poco a poco, el pequeño mordisco inicial avanza cubriendo gradualmente el Sol, que empieza a coger un tono anaranjado hasta que, de sopetón, la intensidad de la luz baja drásticamente, una bandada de pájaros revolotea con brusquedad (quizá en dirección a sus nidos), la temperatura desciende y el día se oscurece adquiriendo un tono plomizo. Ha llegado la Totalidad.

Es el momento de quitarnos (brevemente) los filtros y las gafas de protección. El cielo se transforma en una hermosa imagen difícil de olvidar. El ambiente se llena de exclamaciones de asombro, admiración, entusiasmo y fascinación. Las emociones flotan en el aire y algunas lágrimas resbalan por las mejillas.
Sorpresa: A la izquierda del círculo oscuro, rodeado por la corona solar, un punto rojo muy brillante nos deja aún más ALUCINADOS. ¡Ah, es el resultado de una llamarada solar!

En las fotos podemos apreciar un poco Las Perlas de Baily y el inicio del Anillo de Diamante.

Poco a poco el sol se va ocultando en el horizonte sin dejarnos ver la parte final del eclipse.

No sabemos si todos los eclipses totales son así de espectaculares pero, éste en concreto, nos ha regalado un recuerdo inolvidable.

Crónica fantástica de un momento único en nuestras vidas!! En unos días haremos alguna actividad con los socios para recordar el eclipse. Muchas gracias por vuestras palabras!