Salida exprés 06/05/2026

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Localización: Camino Capellan (Caspe)

Horario: 22:00 a 01:30

Participantes: 2

Hoy era la noche de Murphy, sí, ese señor que dictó unas leyes lapidarias, una de las cuales proclama:

«Si algo puede salir mal, lo hará»

Me explico, a media tarde preparamos un plan de observación para la salida nocturna. Decidimos dedicar nuestra atención, exclusivamente, a la Osa Mayor para localizar, observar y, si es posible, fotografiar las estrellas dobles y galaxias del sector. Así que, una vez preparado un croquis con los objetivos apuntados, nos lanzamos a la aventura.

Al llegar a nuestro destino un espectacular planeta Venus nos da la bienvenida, prometiéndonos una noche memorable.

Para empezar y ya que está tan sugerente, un vistazo a Venus, que dibuja una bella estampa, en conjunción con la constelación Auriga.

Con el telescopio se resuelve como una esfera muy, pero que muy brillante, tanto que incluso resulta molesta su observación. Decido poner un filtro azul, tal vez no sea el más adecuado, pero mitiga bastante el deslumbramiento.


Por supuesto, añadimos a la noche una observación a Júpiter (Ay!, qué sería de nosotros sin Júpiter), con sus cuatro lunas, dos de ellas muy  juntitas.




Para ver mejor la separación, pruebo con el ocular de 15 mm. y ya se distinguen Io y Europa.


Bueno, una vez entretenidos, nos ponemos de cabeza a lo programado. Aquí es donde Murphy entra en acción.


Para empezar, la Osa Mayor está justo en el cénit, lo que obliga a poner el telescopio en vertical (fallo nuestro por no acordarnos que lleva tiempo encima de nuestras coronillas). Tras ímprobos esfuerzos y media docena de retorcimientos cervicales, dorsales y lumbares, lo dejamos correr para no tener que llamar al 112.


Pues nada, a por otros objetivos no progamados, que la noche es joven y la bóveda celeste, inmensa…




Eeeeh, bueno, tal vez no tan inmensa, pues desde el Sur, un frente de pequeñas y encantadoras nubecillas ha ido cerrando el campo de visión…


…hasta dejar, solo, la franja del horizonte Norte, donde, al menos, apreciamos la constelación Cassiopea.

Desmontamos el equipo y, para paliar la sensación de frustración, decidimos sentarnos un rato en las tumbonas, para, simplemente, disfrutar del lugar y la noche.

Pues sí, como hoy tenemos la grata compañía de nuestro amado Murphy, al arrancar el coche ya han volado la mitad de las nubes y, una vez en casa, despejado del todo.

El cielo está lleno de estrellas luminosas y hasta se aprecia la Vía Láctea, mientras resuenan las carcajadas de los dioses.

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